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Septiembre 18, 2002 Taller de REDPRODEPAZ, Bogotá
Por Francisco de Roux, PDPMM
Esta presentación estará guiada por tres reflexiones:
1. Trabajar desde una perspectiva de construir regiones:
No podemos esperar ni estar a la expectativa de que Colombia nos resuelva el problema de las regiones. Colombia no le va a decir al Noreste ni al Suroeste antioqueño lo que tienen que hacer. Ni le va a decir a la zona cafetera en su empeño de competitividad, lo que tiene que hacer. Ni le va a resolver el problema a la Sierra Nevada de Santa Marta. ni al Programa a Magdalena Medio los desafíos que nosotros tenemos, ni le va a resolver el problema al Casanare.
Quiero llamar la atención sobre esta manera de acercarse al tema porque Colombia es un problema que nosotros no hemos podido solucionar todavía. No tenemos una comunidad nacional. Este es el gran drama de la población que vive en este territorio inmenso.
En la convocatoria a este encuentro se hace referencia explícita, fuerte y varias veces a la Constitución de 1.991 como una carta de convocatoria de todos los Colombianos. Pero esto no es cierto, la Constitución del 91 no convoca a todos lo colombianos. Nos convoca a unos que nos entusiasmamos con esos derechos y que nos encanta que estén expresados con tanta fuerza en la. Carta Magna. Es una ilusión que tenemos de Colombia. Pero, hay muchos otros, un número significativo de colombianos - posiblemente no tan grande como quienes ven en la constitución del 91 una formulación de lo que queremos de Colombia - quienes dicen que lo que está en la Constitución del 91 no es la Colombia que ellos quieren. Y esto lo dicen no solamente en las FARC, sino en la clase dirigente, en el gobierno Colombiano.
Esto mismo pasa en otros campos. Colombia es un montón de cosas distintas. Este es el drama de la realidad que somos nosotros, una comunidad territorial, pobladores de un territorio, quienes entramos en el siglo XXI sin haber resuelto el problema de conformar una nación o comunidad nacional con un conjunto mínimo de principios colectivos, de entusiasmos comunes. Sin una ética publica asumida entre todos como identidad propia, formulada en leyes e instituciones sobre las cuales asumimos responsabilidad, a las cuales nos debitamos como ciudadanos, porque consideramos que sin eso Colombia, no puede perseverar en el futuro.
Nosotros no tenemos eso. Quizás estamos entrando en el penoso proceso de hacerlo, pero todavía no lo hemos conquistado. Lo que el ELN entiende por Colombia es muy distinto y el ELN se pelea por Colombia. En el Magdalena Medio nosotros hemos visto bajar a los muchachos del ELN con sus brazaletes, para pelear en la noche contra la gente de Carlos Castaño. Bajan entusiasmados porque van a dar la vida por la Patria, por la Colombia que ellos tienen en la cabeza, que es muy distinta a la que tiene Ernesto Báez, el ideólogo mas fuerte de las autodefensas, y que es muy distinta, posiblemente, a la que tenemos nosotros, a la que tiene el Presente Álvaro Uribe Vélez y muy distinta a la que tienen nuestros compañeros del CRIC, los campesinos indígenas del sur de Colombia.
Este problema no lo tenemos resuelto, por eso no podemos esperar que los líos que tienen que enfrentar los compañeros del Casanare, aquí presentes, para construir al Casanare se los traigan para ser resueltos por Colombia. ¿Cuál Colombia?
Esto hay que plantearlo con mucha fuerza porque es lo que explica por qué nosotros hemos comprendido que es necesario construir Colombia a partir de nuestras regiones. ¿Por qué? Porque no se puede construir sino a partir de un sentido de identidad y de pertenencia profundos. A partir de imaginarios simples que inmediatamente convoquen a toda la comunidad que vive y se reconoce, que se identifica en una territorio dado. Se tiene entonces, una comunidad humana a partir de la cual se puede formular una nueva manera de relacionarse e ir elaborando un propósito colectivo.
Eso es lo que estamos haciendo en el Magdalena Medio, es lo que ustedes están haciendo en Antioquia y en la Sierra Nevada y en la provincia de Socorro y San Gil. Eso es lo que hace en nosotros un propósito, una determinación y un colectivo que quiere dar un mensaje al país, porque está convencido de que esto hay que hacerlo así.
Quisiera insistir mucho en este punto porque está en el origen de lo que nos hemos propuesto, con la convicción de que tenemos que construir a Colombia a partir de nuestras regiones. Posiblemente desde ciudades como Bogotá, a la cual hay que ver como una región y reconocer en ella la contribución enorme que nos ha dado para despejar lo que puede ser una nación, porque Bogotá ha ido encontrando su propio camino, como lo ha hecho Medellín.
Esto tenemos que hacerlo en cada uno de nuestros desarrollos e intentos regionales. En una región como el Magdalena Medio, o como Arauca la gente de conoce, las identidades son inmediatas. Se distinguen entre ellos, como dicen los campesinos de la zona de Boyacá. Inmediatamente se sabe cuáles son las empresas importantes. A pesar de las contradicciones por las clases sociales, por herencias de familias, o por tradiciones productivas, rapidamente la gente se identifica en algunos intereses comunes.
Lo acabo de vivir hace diez días en la Cordillera de San Lucas conversando con los guerrilleros de ELN. Ellos dicen Nosotros somos genuinos de aquí, nacimos aquí. Nos interesa que esta región sea una región sin hostilidades para nadie y le prometen a la comunidad de Santa Rosa no secuestrar más gente del Magdalena Medio, y construir entre todos. A ellos los conoce toda la gente y a la vez ellos conocen a los interlocutores con los cuales están conversando. Si esto es posible hacerlo también en el Meta, en el Putumayo, con los Indígenas del Cauca, todos empezamos a sentir inmediatamente esas complementariedades que nos hacen falta. El Magdalena Medio no puede ser sino se articula con el Tolima. Y los de Mirada al Sur tampoco pueden ser si no se articulan con los pueblos del CRIC y estos pueblos no pueden salir adelante sin los pueblos de Vallenpaz, del eje Cafetero, o de Antioquia. Así vamos armando una colectividad mayor, más grande que todas nuestras regiones, la Colombia que nosotros nos sentimos responsables de hacer.
Pero quisiera insistir mucho en el origen de este sentimiento que compartimos todos nosotros y este es que, no podemos esperar a que Colombia nos resuelva el problema de las regiones. No podemos esperar que los problemas de Colombia vengan a romper lo que con tanta determinación nosotros vamos creando, con perspectiva de largo plazo, con el convencimiento que no se podrá consolidar lo que se intenta en el Darién o en los Montes de Maria sino, quizá con el trabajo de una generación.
El problema es lograr una construcción cultural, pues amarra en dimensiones muy ondas de sentido, de imaginarios colectivos y de entusiasmos que movilizan a los pobladores, pero que están atados a los ríos, a los bosques, a la fauna y se proyectan en intereses económicos que cuidan a esa misma fauna, llevando una idea básica el desarrollo es la gente. Las regiones son la gente viviendo con dignidad sin exclusiones para todo el mundo y donde cada una de estas regiones la construimos entre todos o se acaba. Y para hacerlo entre todos, todos tenemos que cambiar.
En cada una de nuestra regiones debemos elaborar, acompañar, y contribuir a inspirar una propuesta colectiva de región ¿Qué es lo que los ciudadanos de aquí están dispuestos a hacer? Se comprometen a sacar adelante a través de años de lucha, pero sin dejarse perder del horizonte al cual se han determinado llegar ¿Cómo lo van a hacer?, ¿De qué logística se dotan para llegar hacia allá?
Esta propuesta regional es para nosotros absolutamente trascendental. Lo que intentamos hacer es comprender que esas propuestas de construir un hogar común y una economía puesta al servicio de sus propios pobladores y de su naturaleza, no se puede conseguir si no la acompañamos para hacerla cultural, política y socialmente viables. Así es obviamente, cuando se empiezan a mover problemas políticos y de orden social. En este momento se debe estar listo para garantizar la viabilidad de este sueño de los pobladores, los que tampoco se pueden lograr si no garantizamos que sean técnicamente, económicamente y financieramente factibles.
Poco a poco nos vamos entrelazando en la creación de posibilidades para que, con las propuestas que nos permiten construir región - que es el único camino que vemos para poder construir Colombia, que es un punto de disputas, de desavenencias, de incomprensiones, que aun no se han podido consolidar como una totalidad - logremos sacarlo adelante.
No esperemos que Colombia nos resuelva el problema de las regiones. No hay Colombia. Es una ilusión no conseguida, es una fragmentación real. No existe una colectividad inspirada por un ideal único. Los mafiosos, los empresarios, los militares, los indígenas, el ELN, las FARC, el Partido Liberal piensan cosas distintas sobre Colombia. Por eso no hemos podido construir una cosa sólida, lo que solamente vamos a poder hacer a través de la hondura de nuestras regiones.
2 ¿Cómo ser consistentes en el propósito de paz como Programas de Desarrollo y Paz?
Sin olvidar la convicción sobre la importancia de las conversaciones entre el gobierno y el ELN y entre el gobierno y las FARC, sabemos que la paz no vendrá finalmente de estas conversaciones, acuerdos o pactos. Queremos ayudar a facilitar estos procesos, pero todos sabemos que la paz es un problema estructural mucho más hondo, que llama a transformaciones serias, que es lo que se intenta hacer desde el nivel regional. Es allí donde se siente posible fijar bases hondas para las transformaciones necesarias.
Hay que insistir en que nosotros al elegir a Álvaro Uribe Vélez como Presidente de este país no elegimos el camino de una salida militar autoritaria y de guerra. Es necesario tocar el tema porque los colombianos que elegimos a Álvaro Uribe Vélez, los que participamos en las elecciones, no estábamos eligiendo una salida militar o una salida armada al conflicto. Eso es evidente en la encuesta que hicieron la Universidad de Jorge Tadeo Lozano y Fescol después de la elección de Álvaro Uribe Vélez. El 67% de los participantes en las elecciones buscaba una salida negociada y solamente el 27 % decía Pare los diálogos y váyase con todo a una salida militar, vamos a fumigar de una vez a los de las FARC y los del ELN.
Esto demuestra que la gran mayoría de este país quiere una salida negociada, en conversación, en dialogo, para construir la Colombia que algún día soñamos tener. Hay muchas razones que nos hacen pensar que ese 27% militarista - determinado a olvidarse de los procesos por la paz que Colombia ha hecho - pueda llegar a coger fuerza y a penetrar muy profundamente el aparato frágil del Estado. Puede desbordarnos. Por ello, se debe estar muy atento a estas circunstancias de Colombia.
Mi convicción es que el proceso de paz que se hizo con el presidente Pastrana con todas sus limitaciones, fallas y faltas de perspectiva no fue un proceso perdido para Colombia. Creo que es la primera vez que este país se toma en serio el encuentro con las FARC, que es el asunto más difícil que tenemos en la solución de la paz, en cuanto a confrontación con un grupo político. Es la primera vez que se tomó el problema por los cuernos, para medirnos en dialogo y en discusión con lo que era las FARC para Colombia. Y al salir del cuatrenio de Pastrana nos podemos dar cuenta que los movimientos sociales y populares se encuentran con una situación bastante nueva. La gente en Colombia, los sectores populares, los indígenas del Cauca, de la Sierra Nevada de Santa Marta, los pescadores del Río Magdalena, los obreros de la USO, las mujeres del Magdalena Medio, los habitantes de los barrios populares de Barrancabermeja y de Puerto Berrio no quieren la guerra.
Esto se lo dice Colombia con una fuerza impresionante a todos. Claridad que no se tenia hace 4 años. Hace 4 o 5 años habían muchos sectores de las organizaciones populares que decían: Yo no me voy a ir a la guerra porque yo no estoy para coger un fusil, pero alguien tiene que coger las armas en este país para protegernos contra un establecimiento injusto y para hacerle sentir al aparato que aquí en Colombia hay por lo menos alguien que resiste a las injusticias que se están cometiendo. Hoy en día después del proceso de los últimos 4 años, esa realidad ha cambiado. Miren lo que fue la marcha de las mujeres en Bogotá. Del Magdalena Medio vinieron 50 buses. Habían tenido antes una reunión en Puerto Wilches en una circunstancias muy difíciles, ahí estaba la OFP y las mujeres del Magdalena Medio diciendo No queremos guerra y se lo estaban diciendo a las FARC, al ELN, a los paramilitares, a los sectores de este país que apoyan a los paramilitares o que apoyan una salida militar al conflicto No queremos guerra.
Me llamó la atención hace 8 días en las Montañas de San Lucas, en las minas, los campesinos mineros diciéndole a los muchachos del ELN y de las FARC que llegaron a la reunión: Nosotros no queremos que nuestros hijos se vuelvan guerrilleros o paramilitares o se unan un día al ejercito para pelear contra los guerrilleros y paramilitares no queremos eso. Este es un sentimiento muy hondo hoy día en Colombia, un sentimiento muy profundo en el pueblo. Por el eso el grito de las cuarenta mil mujeres que marcharon en Bogotá Nosotras no parimos hijos ni hijas para la guerra, sino para construir esta país en paz.
Es bueno insistir hoy en día sobre esto, porque es obvio que hay una clase dirigente en el país que no ha entendido eso, y hay sectores del gobierno que tampoco han entendido y que tratan de romper esa ilusión enorme de un pueblo. Un pueblo que aprendió que lo que Colombia quería era una salida en paz y que esta es una determinación grande. Para muchas de esta organizaciones no ha sido fácil llegar a decir No mas guerra, o para decirlo en términos jurídicos no ha sido fácil entender que en Colombia no hay derecho a la guerra.
Tenemos que buscar salida en otra forma. Vamos a buscarla. Hay que hacer cambios muy duros, profundos, y dolorosos. Pero para eso no necesitamos matarnos. Lo traigo a cuento porque es obvio que le Red de Informantes nos rompe las comunidades. Los informantes que los llaman cooperantes claro que nos rompen. Creo que en todos nuestros procesos de desarrollo y paz decimos Por favor no hagan eso. Si algo es importantísimo para construir paz es hacer lo que los sociólogos llaman la acumulación de capital social.
¿Qué es el capital Social? Es la confianza acumulada entre los pobladores. Es lo que permite que podamos creer los unos en los otros. Que tengamos la garantía de que nadie va a ir a contar cosas del otro, y que tengamos la tranquilidad de hablar con las autoridades como nosotros hablamos con las autoridades. A nadie hay que pagarle. Lo que hacemos, hay que hacerlo público. Esas cosas - en un momento en que los colombianos por un lado están fatigados de la guerra y quieren buscar una solución simple, que esperan que una autoridad rápida le resuelva los problemas y que por otro, otros colombianos pagados les traiga las solución de los problemas, - son contradictorias con lo que nosotros queremos.
Queremos procesos de largo plazo, muy profundos en las comunidades, quienes creen en ellos mismos y en su ejercito, porque logran que ese ejercito quiera a las comunidades y respete sus derechos. Este, por supuesto, contribuye a buscar una salida, porque si hay un punto que es importante tener en cuenta con la elección de Álvaro Uribe, es que los colombianos comprendimos que no queremos un proceso de paz como el de Pastrana, sino un proceso de paz con autoridad. Nosotros necesitamos autoridad e instituciones. Queremos un proceso de paz con gobernabilidad y con estrategia desde el estado.
Colombia espera que Álvaro Uribe y su equipo nos ayuden a buscar una salida de paz donde haya autoridad que proteja la vida de los ciudadanos y donde haya estrategia y gobernabilidad. Por eso votamos en esa dirección, pero no porque estuviéramos fatigados de la paz o porque estuviéramos incapacitados de creer en nosotros mismos, o, porque llegamos a la conclusión de que para poder hacer paz tenemos que denunciarnos en secreto. Todo lo contrario, comprendimos que teníamos que buscar una salida seria, mucho más seria de la que intentó Pastrana y sin los errores y las superficialidades en algo tan delicado.
Pero nosotros queremos construir paz y por supuesto, que en las regiones esto es importantísimo. Es necesario fortalecer la gobernabilidad, la institucionalidad, vincular a nuestros pobladores con esa institucionalidad y esa gobernabilidad, creer en nuestras instituciones, recuperar la confianza entre el ejercito y el pueblo y por eso, pedir que el ejercito se transforme, que respete los derechos humanos, que se la juegue por la seguridad de los pobladores y primero, por los más pobres, los indígenas, los pescadores del río y por la mujeres de los sectores populares PRIMERO LA GENTE
3. Necesidad de estar unidos
En el escenario del nuevo gobierno podemos dialogar, tenemos que expresar con libertad de colombianos. Estamos haciendo a Colombia y esto requiere que seamos humildes en el dialogo, que presentemos lo que nosotros sentimos desde el pueblo, que lo hagamos con razones y con determinación y que vayamos unidos.
Lo importante de esta reunión es la construcción colectiva, el que nos apoyemos desde nuestras diferencias para enriquecer un propósito común. Las gotas de agua sin van unidas formando ríos, llegan al mar.